Día mundial de las abejas - Pajuelo Apicultura
Abejas y plantas, una relación de más de 50 millones de años. Las abejas y las plantas con flor evolucionaron juntas en un proceso llamado coevolución: cada una fue moldeando a la otra a lo largo de decenas de millones de años hasta la actualidad
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Día mundial de las abejas

Día mundial de las abejas

Abejas y plantas, una relación de más de 50 millones de años

Las abejas son uno de los insectos más antiguos del planeta: llevan más de 50 millones de años en la Tierra conviviendo con las flores mucho antes de que los seres humanos aparecieran en escena. En la República Dominicana se han hallado abejas atrapadas en ámbar con una antigüedad de unos 30 millones de años, testimonio silencioso de que ya entonces eran criaturas perfectamente formadas y activas. En España también se han encontrado fósiles de hace aproximadamente 23 millones de años.

Estos hallazgos nos recuerdan que las abejas no son solo esenciales hoy: han sido pilares de los ecosistemas terrestres durante decenas de millones de años, sobreviviendo a glaciaciones y extinciones masivas. Nosotros somos los recién llegados; ellas, las veteranas.

Las abejas y las plantas con flor evolucionaron juntas en un proceso llamado coevolución: cada una fue moldeando a la otra a lo largo de decenas de millones de años. Cuando las abejas aparecieron hace 55 millones de años, las plantas con flor (las angiospermas) llevaban ya cierto tiempo en la Tierra, pero fue la presión entre ambas lo que disparó su diversificación. Las flores fueron desarrollando colores, aromas, formas y néctares cada vez más elaborados para atraer a las abejas; estas, a su vez, fueron perfeccionando distintas estructuras, como las cestillas para transportar el polen, su cuerpo lleno de pelos o su extraordinario sentido del olfato para aprovechar al máximo cada visita.

Para muchas plantas, las abejas son indispensables, gracias a ellas se produce la polinización y, por tanto, su reproducción. La polinización es el proceso por el cual el polen viaja de una flor a otra, permitiendo la reproducción de las plantas. Las abejas son las grandes protagonistas, existen más de 20.000 especies distintas.

La relación es recíproca. Las flores ofrecen a las abejas néctar, su fuente de energía, y polen, su principal aporte de proteínas y lípidos. Las propias flores actúan como guías, ofreciendo orientación y refugio a través de sus patrones de color y aroma.

Hay una gran diversidad de polinizadores, de ellos un 73 % son abejas, pero también encontramos escarabajos, avispas, mariposas… Sin olvidarnos de murciélagos y colibrís, que tienen también un importante papel en determinadas zonas.

La palabra polinizador parece remitirnos inmediatamente a las abejas criadas en colmenas (Apis mellifera) cuya miel consumimos. Si bien es indiscutible la importancia de esa especie, domesticada hace miles de años, nuestra agricultura también depende de polinizadores silvestres de cada región. Estos contribuyen de manera importante a la polinización de cultivos alejados de colmenas, así como de aquellos que no son polinizados eficientemente por la abeja melífera.

Cada 20 de mayo se celebra el Día Mundial de las Abejas. La ONU lo proclamó oficialmente en 2017 con un objetivo claro: visibilizar la importancia de los polinizadores y urgir a gobiernos, instituciones y ciudadanos a protegerlos. Es un recordatorio anual de que su supervivencia y la nuestra están profundamente entrelazadas.

Este año el tema es juntos con las abejas, por las personas y el planeta. Una asociación que nos sostiene a todos. Cuidar a las abejas es cuidar los ecosistemas, la biodiversidad y nuestra propia alimentación. No son solo insectos: son el hilo invisible que mantiene unido el tejido de la vida.

Sin abejas, no hay flores. Sin flores no hay vida.

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